The Path to Venezuela’s “Surprise” Election


Maduros-Capriles-vote newsfull h

To read this post in Spanish, click here.

This Sunday’s election in Venezuela seemed to be a foregone conclusion: many assumed Nicolás Maduro, right hand man of Hugo Chavez and his hand-picked successor, would easily claim victory. And they did so with just cause: only six months ago, Chávez handily won re-election by an 11-point margin, winning even more votes than his 2006 victory. Yet this was not the case on Sunday. The announced result gave Maduro a victory of just over a percentage point – a surprise for many. But for those systematically listening to voters, Maduro’s win was always on shaky ground.

Greenberg Quinlan Rosner has done extensive public opinion research in Venezuela – hundreds of focus groups and scores of surveys – and the focus groups we conducted in Caracas just nine days after Chavez’s death among swing voters showed a new opening for challenger Henrique Capriles Radonski. [1]

First, these soft Chavista voters had some serious doubts about Nicolás Maduro and his ability to govern. To many, Maduro was an unknown, untested figure. “We don’t know anything about Maduro, about what he’s done,” states a woman who voted for Chavez in October. Another asks: “What do we know about him? We don’t know his work.” Some participants were aware of Maduro’s humble background and former career as a bus driver, but beyond that, participants worried that they do not know him as well as Chavez, who has been part of their lives for the past 14 years.

Whether through the blessing of a bird, or by referring to himself as his son, Maduro’s strategy was always to link himself to Chavez as closely as possible. But Chavista voters were skeptical. One man who voted for Chavez says: “The charisma is what concerns me; the charisma of Chavez can’t be compared to Maduro.” Another woman worries Maduro might not be the carbon copy some are looking for: “[He] doesn’t think like Chavez, the two are totally different,” she says.

Second, even those who voted for Chavez are willing to recognize some shortcomings in his legacy. While these voters are indeed able to point to the good that the Chavista government brought – the social programs, or misiones; more investment in education; a feeling of Venezuelan pride and an “awakening” of the poor – they are also able to be critical, in a way perhaps surprising in an electorate generally perceived as polarized. “The president did good and bad; he was a human man,” admits one Chavista woman. On the negative side, many list the division he fomented within the country. “The government has made many mistakes – with respect to attitude – there’s too much dissent,” says a Chavista voter. Participants also point to crime and insecurity as well as to rising prices. For them, it does not go unnoticed that Venezuela has the second-highest murder rate in the hemisphere and is suffering from currency devaluations.

While doubts about Maduro continued to surface, Capriles Radonski embraced the opportunity and actively worked to define Maduro for voters. During a short campaign period, Capriles Radonski raised doubts about Maduro’s past: from his previous experience as foreign minister and giving money away to Cuba, to his experience and ability to govern.

Finally, Capriles Radonski, unlike opposition leaders of the past, appealed to soft Chavistas voters by presenting himself as a social democrat – committed to maintaining and improving the social programs that brought benefit to so many. Since announcing his candidacy for the presidential primary in 2011, Capriles Radonski has been on a near non-stop campaign based on a platform of non-exclusion, ending the job-killing expropriations that sent so many Venezuelan jobs abroad, fighting crime and insecurity, and stopping the blank-check handouts to other Bolivarian states while Venezuelans suffered.

Ultimately, Maduro was not handed the victory he was expecting. And that’s the real story of this election: Chavismo Without Chavez’s days are numbered. In a mere six months, the opposition shrank the margin from 11 points to fewer than 2. In a mere six months, the opposition gained more than 600,000 votes. Maduro and the government can no longer dismiss the opposition as the party of the burguesía, or the few. The opposition is now at least 49 percent of Venezuela.

In the coming months, many problems will continue to dog Venezuela: Maduro will likely not get the same free pass Chavez did, especially as these problems disproportionately affect the poor. Capriles Radonski has solidified his position as leader of the opposition – an opposition that now represents fully half the population and that will likely get stronger in the upcoming municipal and legislative elections as Maduro starts to be blamed for the continuing ills. It should be no surprise, then, that the era of Chavismo dominance has ended in Venezuela.

[1] On March 14 and 15, Greenberg Quinlan Rosner conducted 4 focus groups among swing voters – that is, voters who voted for Chavez in his October re-election, but were undecided or uncertain of their support for Maduro; and voters who voted for Henrique Capriles Radonski in October, and were unsure or less likely to vote in April.


En primer lugar, estos votantes chavistas suaves tenían serias dudas sobre Nicolás Maduro y su capacidad para gobernar. Para muchos, Maduro era una figura desconocida. "No sabemos nada acerca de Maduro, acerca de lo que ha hecho", afirma una mujer que había votado por Chávez en octubre. Otra pregunta: "¿Qué sabemos de él? No conocemos su trabajo." Algunos de los participantes eran conscientes del origen humilde de Maduro y su trabajo como conductor de autobús, pero más allá de eso, los participantes estaban preocupados por no conocerlo tan bien como a Chávez, quien había sido parte de sus vidas durante los últimos 14 años.

Ya sea a través de la bendición de un pájaro, o refiriéndose a sí mismo como su hijo, la estrategia de Maduro fue asociarse a Chávez en la mayor medida posible. Pero los votantes chavistas tenían dudas. Uno de los hombres que votaron por Chávez dice: "El carisma es lo que me preocupa, y el carisma de Chávez no se puede comparar con Maduro." Otra mujer se preocupa de que Maduro podría no ser el calco que algunos estaban buscando: "[Él] no piensa como Chávez, los dos son totalmente diferentes.", dice ella.

En segundo lugar, incluso los que votaron por Chávez estaban dispuestos a reconocer algunas deficiencias en su legado. Mientras que estos votantes pueden señalar las cosas buenas que el gobierno chavista ha traído - los programas sociales o Misiones; mayor inversión en educación, la sensación de orgullo venezolano y un "despertar" de los más pobres - también son capaces de ser críticos, de una forma quizás sorprendente en un electorado percibido generalmente como polarizado. "El presidente hizo el bien y el mal, era un hombre humano." admite una mujer chavista. En cuanto a las cosas negativas, muchos señalan la división que fomentó en el país. "El gobierno ha cometido muchos errores - con respecto a la actitud – hay demasiada división.", dice un votante chavista. Los participantes también apuntan a la delincuencia y la inseguridad, así como el aumento de precios. Para ellos, no pasa desapercibido que Venezuela tiene la segunda tasa de homicidios más alta en el hemisferio y está sufriendo de devaluaciones monetarias.

Mientras las dudas sobre Maduro continuaron saliendo a la superficie, Capriles Radonski aprovechó la oportunidad y trabajó activamente para definir a Maduro frente a los votantes. A través de un corto período de campaña, Capriles Radonski generó dudas sobre el pasado de Maduro: desde su experiencia como ministro de Asuntos Exteriores dándole dinero a Cuba, hasta su experiencia y capacidad para gobernar.

Finalmente, Capriles Radonski, a diferencia de los líderes de la oposición del pasado, apeló a los votantes chavistas persuadibles presentándose como un social demócrata – comprometido a mantener y mejorar los programas sociales que trajeron beneficios para muchos. Desde el anuncio de su candidatura a las primarias presidenciales de 2011, Capriles Radonski ha estado en una campaña permanente, con una plataforma de no exclusión, propuso eliminar las expropiaciones que matan el empleo y han enviado trabajos venezolanos al exterior, luchó contra la delincuencia y la inseguridad, y se comprometió a poner fin a los cheques en blanco girados a otros Estados Bolivarianos mientras los venezolanos sufren.

En última instancia, Maduro no obtuvo la victoria que estaba esperando. Y esa es la verdadera historia de esta elección: los días están contados para el Chavismo sin Chávez. En sólo seis meses, la oposición redujo el margen de 11 puntos a menos de 2. En sólo seis meses, la oposición obtuvo más de 600.000 votos. Maduro y el gobierno ya no pueden señalar a la oposición como el partido de la "burguesía" o de unos pocos. La oposición es ahora, por lo menos, un 49 por ciento de Venezuela.

En los próximos meses, muchos problemas seguirán abrumando a Venezuela y Maduro probablemente no tendrá el cheque en blanco que tenía Chávez, sobre todo porque estos problemas afectan desproporcionadamente a los más pobres. Capriles Radonnski ha solidificado su posición como líder de la oposición - una oposición que representa en la actualidad a la mitad de la población y que probablemente se hará más fuerte en las próximas elecciones municipales y legislativas mientras Maduro sufre el desgaste de los recurrentes males del país. No debe ser ninguna sorpresa, entonces, que la era de la dominación del chavismo haya terminado en Venezuela.

[1] Entre el 14 y el 15 de marzo, Greenberg Quinlan Rosner llevó a cabo cuatro grupos focales entre los votantes persuadibles - es decir, los electores que votaron por Chávez en su reelección de octubre, pero estaban indecisos o inseguros de su apoyo a Maduro, y los electores que votaron por Henrique Capriles Radonski en octubre, y no estaban seguros o tenían menos probabilidades de votar en abril.